viernes, 24 de noviembre de 2017

Hay trabajo como montador de muebles

Las editoriales de libros necesitan comerciales ¿Piensar ser comercial de una editorial? A pesar de la que está cayendo con el desempleo que por culpa de la casta política parasitaria está azotando España, aún hay algunos sectores en los que se puede encontrar trabajo, como puede ser el caso de los montadores de muebles.

Los hay que se sacan un buen sueldo comprando muebles en almacenes mayoristas, y montándolos a medida en casa de los compradores. No es un trabajo fácil, pues has de tener una cierta idea de bricolage, idea que se puede ir adquiriendo poco a poco. Tambiés necesitas algunas herramientas, como por ejemplo taladros y una sierra de calar, pero no son herramientas precisamente caras. Lo difícil es buscar a los clientes que quieran amueblar o cambiar los muebles de su casa, pero para eso se utilizan los anuncios en las páginas de anuncios gratuitos por Internet. Y ya lo ideal es si te haces con una pequeña furgonetilla usada, para hacer también los portes y así amplías el negocio con aquellos que los compran en las grandes superficies, pero ni tienen cómo transportarlos, ni luego saben montarlos.

Además puedes hacer u ofrecer el servicio adicional de retirada de los muebles viejos, que luego también los puedes vender a un precio reducido. En esos muebles nuevos, pongamos por caso los del salón, existe la costumbre de rellenarlos con libros por metros. Libros que luego no leen, pero están ahí de adorno, y que puedes aprovechar las ofertas de empleo, para también ofrecer los libros y así dar un servicio integral al cliente, por más que algunos como yo, no entendamos esa costumbre de comprar libros que luego no vas a leer. Yo si hay algo que tengo claro es que los libros son para leer, no para decorar los muebles.

viernes, 22 de septiembre de 2017

Que hacer con los ahorros

Heredé de mis padres una constitución física delgada y atlética y no me puedo quejar de mi figura. Desde siempre me ha encantado usar faldas muy cortas e ir a la playa. En invierno no hay problema, porque me pongo medias, pero cada vez que llega el verano, comienzo a sentirme acomplejada y triste, y me paso todos esos calurosos meses con faldas largas y pantalones anchos, y sin pisar la playa, salvo que encuentre alguna cala solitaria, cosa que es cada vez más complicada.

Mis piernas, que sigue siendo bonitas, están llenas de arañas vasculares y algunas varices, y me da vergüenza enseñarlas así. Mi familia siempre ha trabajado en hostelería, así que desde los doce años me tocó echar una mano. En ese gremio te pasas horas de pie, razón por la cual casi todos los que hemos trabajado en bares, sufrimos problemas de varices. Hasta los veintidós años trabajé de camarera y de allí pasé a montar un negocio de muebles, decoración y pequeños electrodomésticos. Así que, como suele decirse, salí de Guatemala, para entrar en Guatelpeor.

El negocio lo llevaba yo con mi hermano, así que trabajábamos sin apenas descanso desde las nueve de la mañana hasta las nueve de la noche. El negocio de muebles y decoración tuvo mucho éxito en el pueblo y siempre teníamos la tienda llena. Y cuando incorporamos cada vez más y más originales pequeños electrodomésticos, ya nos vimos totalmente desbordados. No nos quedó más remedio que contratar a dos personas para que nos ayudaran. Diez años estuve trabajando a ese ritmo y después de los doce de hostelería, mis piernas se resintieron muchísimo. Recordé entonces que mi madre se había operado de arañas basculares en las pantorrillas en una Clínica, con un resultado sorprendente. De hecho, hoy tiene las piernas perfectas.

Así que llamé a la clínica y me informé, porque ya estaba cansada de andar escondiéndome bajo faldas largas y pantalones y sobre todo de no ir a la playa, con lo mucho que me gusta. Los precios de la clínica me parecieron razonables y yo me lo podía permitir: de algo tenían que servirme tantas horas trabajadas, ¿no?. Al final me operé, y pese a mi miedo inicial (odio los quirófanos), hoy estoy contentísima. Vuelvo a lucir unas piernas de chica de quince años y he tirado a la basura todas mis faldas largas. Este fin de semana, que la tienda está cerrada, no pienso salir de la playa. Hora de recuperar el tiempo perdido.