martes, 15 de abril de 2014

Un arcon lleno de libros

Sigo acordándome de mi abuelo que tenía lo que yo llamaba pomposamente su despacho, pero en realidad era una inmensa biblioteca llena de libros de todas las temáticas imaginables y en varios idiomas además. Presumía de haberlos leído todos, cosa que yo no entendía cómo pues aún dedicando varias horas diarias a la lectura, me faltaba tiempo y no me salían las cuentas.

El pobre se mosqueaba conmigo, ya que digamos no le hacía mucha gracia que un mocoso como yo dudara de su palabra. También. Y digo lo de también porque mi abuela lo pillaba en muchas mentiras, mientras el pobre rebufaba intentando salir airoso de aquellas acometidas, aunque normalmente no lo conseguía. En su despacho o biblioteca llena de libros, tenía un arcón o baúl enorme lleno de libros que si bien podían estar en las estanterías porque espacio había suficiente, no estaban allí colocados con los demás, sino aislados del resto y con una leyenda que decía "quemarlos". Eran libros que hablaban de derechos, de democracia, de política... actividades subversivas y prohibidas durante la época de franco, y que mi abuelo tenía allí, pero con una excusa por si en algún momento llegaba a casa algún comisiario político y así poderse justificar, que estaban en proceso de destrucción.

Hoy han pasado aquellos cuarenta años de dictadura fascista, pero estamos en otros cuarenta de estafa política entre los dos únicos partidos, que en realidad son un solo: el PPSOE. Y ya ni se cortan en promulgar leyes tan fascistas como las que dictaba el minúsculo dictador que tuvimos entonces. La culpa es nuestra, porque a esta escoria sólo la podremos echar en unas elecciones votando a otros partidos, pequeños partidos, gente que podría tener ganas de solucionar las cosas o bien de robar ellos en lugar de los que nos roban hoy, que eso nunca se sabe. En cualquier caso, mejor que nos robe alguien nuevo y de momento inexperto, a que nos sigan robando los de siempre.

Del arcón de los libros prohibidos nunca más se supo, pues antes incluso de la muerte de mi abuelo se vendió la casa donde vivían, y le perdí la pista a esos libros que yo mismo me dije que leería. Cuando supiera leer.

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