jueves, 22 de mayo de 2014

Los muebles para los zapatos de mujer

Hay muebles que se llaman zapateros como el antiguo presidente que en mala hora tuvimos en España, y que como su propio nombre indica sirven para en ellos almacenar el calzado que en ese mismo instante no estemos utilizando. Es un capricho como cualquier otro, pues para almacenar los zapatos nos sirve cualquier mueble.

Es más, ni necesitamos un mueble, pues en cualquier rincón de la casa que no haya nada, también podemos ahí poner las cajas de zapatos unas encimas de las otras, y almacenarlos o tenerlos en ese rincón todos ellos recogidos. Para mi, el mejor sistema para almacenar los zapatos de mujer es un trozo de alambrada como las que delimitan los solares vacíos que hay en todas las ciudades, y en el que basta con insertar el tacón para que el zapato quede entero a la vista y así sea sumamente fácil el elegir uno u otro en función de los deseos de la mujer que se los vaya a calzar en ese momento. Para que no estén tan expuestos, bien se podría insertar o colocar ese trozo de alambrada en un armario ropero por poner un ejemplo. Para los zapatos femeninos sin tacón, aquí ya si que recomiendo el sistema tracional tipo revistero de las consultas médicas o las peluquerías. Cierto que siempre habrá quien diga que yo opino así porque mi casa es muy pequeña. No les falta la razón, pero no me negarán ellos a mi, que mi idea es de lo más imaginativa.

De hecho y por más que he buscado en Internet, no he encontrado a nadie con esta misma idea, que desde este instante pongo a disposición de todo el que quiera llevarla a la práctica. Me gusta eso de cooperar a la clasificación y almacenamiento del calzado de mujer. Zapatos de mujer a las que por cierto admiro por ser capaces de caminar con tantísimo tacón como el que calzan algunas de ellas, sin caerse claro.

Recuerdo en una fiesta de disfraces con cambio de sexo, donde tuve una noche que ponerme unos zapatos rojos con tacón, y vaya si se reía mi novia viéndome intentar caminar con ellos. Pero a grandes males, grandes remedios: me pasé casi toda la noche sentando en el sofá, mirando a los demás. Hasta que me levanté para ir al servicio, y me quitaron el sitio. ¡Mala suerte! me dije.

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